Resumen de lo que paso en el Maracanazo

En 1950 Brasil fue designado sede de la cuarta Copa del Mundo de Fútbol.

El fútbol hasta ese momento, había quedado paralizado por 12 años luego de la Copa de 1938, por el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Una vez terminada la Guerra y normalizada Europa se comienza a reanudar el fútbol poco a poco.

Es por eso que Brasil ’50, traía consigo una expectativa y ansiedad mundial enorme.

El pueblo brasilero y las encuestas globales previas, y durante el desarrollo de la Copa. daban como absoluto favorito al local para llevarse el valioso trofeo.

Es así como Brasil el 16 de julio de 1950, a las 15:00 sale al estadio Maracaná con récord de público, para disputar su primera Final del Mundo.

Del otro lado del campo estaba Uruguay, un equipo al que nadie esa tarde reconocía como rivál, olvidando su mística futbolística. (Cámpeon Olimpico 1928, Campeón del Mundo 1930).

Comenzado el partido Brasil se impone por 1 a 0 a los 47 minutos. Con la celebración a flor de piel y a tan poco del final llega el MARACANAZO.

Uruguay a los ´66 y a los ´79 minutos da vuelta el encuentro por 2 a 1, dejando un silencio atroz en en Maracaná y se corona Campeón Mundial de 1950.

Absolutamente nadie estaba preparado para ese final, solo la comitiva uruguaya.

Finalmente el trofeo de la Copa del Mundo fue entregado por el presidente de la FIFA en la mitad de la cancha, al Capitán uruguayo a las apuradas y sin emitir palabra alguna.

Uruguay y su fútbol, una vez más. habian enmudecido al mundo.

Resultados del Mundial Brasil 1950

Treinta y tres paises se inscribieron para jugar la fase eliminatoria, pero sólo llegaron a jugarla veintitrés por renuncia de Bélgica, Austria, Turquia, Ecuador, Peru, Argentina, Escocia, Filipinas, Birmania y la India. Clasificados de oficio, Brasil, país organizador e Italia, último campeón del mundo.

GRUPO 1

Brasil-México 4-0 (1-0)
Yugoslavia-Suiza 3-0 (3-0)
Yugoslavia-México 4-1 (2-0)
Brasil-Suiza 2-2 (1-2)
Brasil-Yugoslavia 2-0 (1-0)
Suiza-México 2-0 (1-0)

Clasificado Brasil.

GRUPO 2

España-Estados Unidos 3-1 (0-1)
Inglaterra-Chile 2-0 (1-0)
Estados Unidos-Inglarerra 1-0 (1-0)
España-Chile 2-0 (2-0)
España-Inglaterra 1-0 (0-0)
Chile-Estados Unidos 5-2 (2-0)

Clasificado: España.

GRUPO 3

Suecia-Italia 3-2 (2-1)
Suecia-Paraguay 2-0 (2-1)
Italia-Paraguay 2-0 (1-0)

Clasificado: Suecia.

GRUPO 4

Uruguay-Bolivia 8-0 (4-0)

Clasificado: Uruguay.

RONDA FINAL VENCEDORES DE GRUPO

Uruguay-España 2-2 (1-2)
Brasil-Suecia 7-1 (3-1)
Uruguay-Suecia 3-2 (1-2)
Brasil-España 6-1 (3-0)
Suecia-España 3-1 (2-0)
Uruguay-Brasil 2-1 (0-0)

CLASIFICACION FINAL

EquipoJGEPPts.
1Uruguay32105
2Brasil32014
3Suecia31022
4España30120

RONDA FINAL

Uruguay: 2
España: 2

Brasil: 7
Suecia: 1

Uruguay: 3
Suecia: 1

Brasil: 6
España: 1

Suecia: 3
España: 1

FINAL

Uruguay: Máspoli, M. González, Tejera, Gambetta, Varela, Andrade, Ghiggia, Pérez, Schiaffino, Morán.

Brasil: Barbosa, Augusto, Juvenal, Bauer, Danilo, Bigode, Fiaca, Zizinho, Ademir, Jair, Chico.

Uruguay: 2 (Schiafino, Ghiggia)
Brasil: 1 (Fiaca).

Arbitro: Reader (Inglaterra)

CAMPEÓN URUGUAY

El Equipo Ideal del Mundial Brasil 1950

Los periodistas deportivos en la Copa del Mundo Brasil 1950, realizaron la votación para formar la selección ideal del torneo, todos aquellos jugadores que se destacaban en cada una de las 11 posiciones dentro del campo de juego.

La formacion ideal de 1950 fue la siguiente:

  • Ramallets (España)
  • Matías González (Uruguay)
  • Tejera (Uruguay)
  • Bauer (Brasil)
  • Varela (Uruguay)
  • Puchades (España)
  • Ghiggia(Uruguay)
  • Zizinho (Brasil)
  • Ademir (Brasil)
  • Schiaffino (Uruguay)
  • Gaínza (España).

Puedes leer aquí: Como era el balón de la Copa del Mundo Francia 1950.

El Mundial de Brasil 1950

Un fútbol de gran calidad y la mítica garra uruguaya, iban a sobresalir en el primer Mundial de la posguerra, que Brasil postergó un año, de 1949 a 1950, para dar remate a la construcción de sus estadios.

La candidatura de Brasil como sede estuvo considerada por la FIFA en 1938, junto con otras, y en 1947, en Luxemburgo, se le otorgó efectivamente la oportunidad al mismo tiempo que la Copa recibía el nombre de Jules Rimet.

Puedes leer aquí: La Copa Jules Rimet – El Primer Trofeo de la Copa del Mundo

33 fueron las inscripciones para la fase eliminatoria, pero renuncias posteriores dejaron el total en 23. Entre los que desistieron estaba Argentina, hegemónica en las confrontaciones sudamericanas de los años cuarenta y cuyas grandes figuras emigraban al fúitbol de Colombia, que se había apartado de la FIFA y desconocía la reglamentación oficial en materia de traspasos internacionales.

Las bajas determinaron el acceso directo a la fase final de Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay. La representación latinoamericana se completaba en 1950 con México y, naturalmente, Brasil.

Las selecciones de las Islas Británicas, que participaban por primera vez de un Mundial, tuvieron su serie eliminatoria en la Copa de las Naciones del Reino Unido. Allí triunfó Inglaterra, y Escocia, que se clasificaba asimismo con su segundo puesto, resignó su derecho por discrepar del sistema acordado en la zona por la FIFA.

Francia también se inhibió, al conocer el fatigoso programa de desplazamientos que le aguardaba en Brasil. El total fue entonces de trece sel ecciones, el mismo que veinte años antes, en Montevideo, solamente con cuatro de los equipos del Mundial de 1938, Italia, Suecia, Suiza y el local.

Cuatro cabezas de serie, Brasil, Inglaterra, ltalia y Uruguay, iban a enfrentarse en liguilla a tres rivales: los dos primeros, dos el tercero y sólo a uno el cuarto. El título se resolvía por los puntos obtenidos en la segunda ronda, a la que no pasaban mas que los vencedores de grupo. Fue esa la única ocasión en que el sistema de liga estructuró íntegramente el torneo Mundial.

Una salva de veintiún cañonazos y la suelta de palomas y globos saludó, el 24 de junio, el ingreso al césped del Maracaná de la selección brasileña, con su capitán, Augusto, al frente. Tanto y tan escalofriante era el estruendo en las tribunas que los jugadores mexicanos, primeros contrican tes de Brasil, esperaron quince minutos en el interior del túnel de salida a que la fiesta se serenara.

El Maracaná estaba aún en obras cuando las delegaciones deportivas Ilegaron a Río de Janeiro. El gobierno destacó soldados a reforzar las cuadrillas de trabajadores, y cientos de camiones cruzaban dia y noche la ciudad Ilevando cargas de cemento al estadio. Pero los partidos iban a jugarse con el recinto incompleto y la construcción no terminaría sino después del Mundial. El director técnico Flavio Costa concentraba a su equipo en Minas Gerais, en severo régimen de claustro y a prudente distancia de las tentaciones y los hinchas de Río de Janeiro. Flavio Costa, que contaba con una nueva generación de astros, quería disciplinar a sus hombres y confiaba en crear con ellos un bloque compacto, que los hiciera imbatibles. Casi lo consigue. Brasil venció cuatro veces al arquero mexicano Antonio Carbajal -que iba a ser el jugador de participación más prolongada en los Mundiales, con cinco torneos de titular y las 125.000 personas que estrenaban el Maracaná empezaron ya a embriagarse con el perfume de la Copa. En cambio, fue todo dudas y decepción días después, en San Pablo, donde Suiza estuvo en ventaja sobre los brasileños hasta promediada la segunda etapa y puso peligro aún tras el empate a dos goles de Baltazar, con una internada de Fatton que, solo ante Barbosa, fue frenado por el silbato final del árbitro. En el mismo grupo, Yugoslavia triunfaba en sus dos primeros compromisos y amenazaba la clasificación del local. Frente a Brasil, en Río de Janeiro, los yugoslavos empezaron el partido con diez jugadores, debido a la baja temporal del entreala Rajko Mitic, que sufrió un corte en la cabeza cuando sal ía a la cancha. Ademir marcó a los tres minutos y Brasil venció 2-0, ayudado por la lesión de Mitic -pues no se admitían cambios- Y, especialmente, por la incorporación de Zizinho al equipo, Zizinho, que era un auténtico maestro en la distribución del juego, fue autor del segundo gol.

DESCALABRO Y ELIMINACION DE INGLATERRA

Un resultado que parecía tras tocar la realidad de las cosas sedaba en Belo Horizonte. Allí, Inglaterra, la favorita de muchos a la victoria final en la Copa, era derrotada contra todo pronóstico por Estados Unidos. Los ingleses se habían impuesto trabajosamen te a Chile, 2-0, y los norteamericanos llegaban de poner en apuros a España, que sólo en los últimos diez minutos del partido había remontado y dado vuelta un marcador adverso. Pero no era posible dudar de la aplastante superioridad británica y la estupefacción fue tan generalizada que no se tomó el nombre de quien marcaba el gol del triunfo norteamericano.

Todavia hoy se discute si atribuirlo al centro delantero Bahr o al entreala Souza. Los ingleses salieron con el orgullo herido a jugarse la clasificación frente a España, en Maracaná. La crítica optaba por saltearse el inaudito revés de Belo Horizonte y los hacía de nuevo sus elegidos. Y, por fin, Inglaterra iba a tener un buen desempeño; aunque también, otra derrota. El encuentro resultó equilibrado y de calidad. Un gol del centro delantero inglés Milburn fue anulado antes del cuarto de hora, y España venció con remate de pierna derecha de Zarra, en el minuto tres de la segunda parte. Tampoco Italia, en el grupo 3, daba razón a sus antecedentes y perdia 3-2 en su presentación. Con el fresco recuerdo de la tragedia aérea de la colina de Superga, donde murieron el 4 de mayo de 1949 los jugadores del Torino, los italianos renunciaron al avión y viajaron a Brasil por via marítima, ganando peso y perdiendo entrenamiento. En San Pablo, Italia se puso en ventaja sobre Suecia, campeona olímpica en Londres, dos años antes, y uno de los últimos baluartes en Europa del amateurismo. Los suecos habían reconstruido su equipo tras marcharse la mitad de sus titulares al fütbol de Italia. Con figuras jóvenes, desprovistas de experiencia internacional, lograron la igualada y., finalmenzxte, la victoria. Reaparecieron entonces los contratistas italianos después del Mundial, para llevarse ocho jugadores y destrozar otra vez la selección de Suecia. Italia se impuso poco después 2-0 a Paraguay; pero Suecia, que había empatado 2-2 con los sudamericanos, sumaba tres puntos y se adjudicaba el grupo. Uruguay resolvióen Recife su único compromiso de la primera ronda hundiendo a Bolivia; 8-0, con goles de Schiaffino (4), Julio Pérez, Vidal y Ghiggia. Uruguay alineó a Máspoli, Matías González, Tejera, Juan Carlos González, Obdulio Varela, Rodríguez Andrade, Ghiggia, Julio Pérez, Míguez, Schiaffino y Vidal. Gambetta iba a Suplan tar luego a J.C. González como lateral derecho, y Morán sería el puntero izquierdo en la final; contra Suecia, estaría Aníbal Paz en el arco. Pocos cambios, pues, aunque el conjunto no iba a funcionar como tal sino una sola vez, la tarde del ultimo partido, para sorpren der a Brasil y ganar la Copa.

EL DIABLO EN LOS PIES DE ALCIDES GHIGGIA

En el partido con España, el 9 de julio, y después ante los suecos, la derrota estuvo amenazando a la seleccion uruguaya. Los españoles ganaban en San Pablo, con dos goles de Basora contra uno de Ghiggia, cuando la intervención casi providencial de Obdulio Varela, que lanzó desde cuarenta metros un disparo que no esperaba el excelente arquero Antonio Ramallets, igualó el resultado. Mas inquietante fue quizás para los uruguayos, por contras tecon el 7-1 de Brasil ante el mismo adversario, el inexpresivo 3:2 frente a Suecia, conseguido con sufrimiento y tras ir dos veces endesventaja. Los gol es se debieron a Julio Pérez, Miguez y nuevamente Ghiggia, que anotó el primero de los celestes. Alcides Edgardo Ghiggia, para todos el mejor puntero, y para muchos figura sobresaliente, junto al brasileño Zizinho, del Mundial de 1950, fue allí el único jugador que marcó en todos los partidos en que intervino, que fueron Ios cuatro de Uruguay en el torneo. De frágil complexión, sus armas eran la velocidad, la inspiración, el dribbling seco y en profundidad, y el tiro poten te, inesperado y de cualquier posición. Como el argentino Corbatta y el brasileño Garrincha, Ghiggia pertenecia a esa estirpe extinguida de los punteros-espectáculo, supremos individualis tas y grandes habilidosos, que desordenaban toda formación defensiva rival.

Puedes leer aquí: Cual fue el balón del Mundial de Brasil 1950.

Ghiggia tenía 24 años en 1950; se inició en Sud América, de Montevideo, para pasar a Atlanta de Buenos Aires y alinearse luego en una de las delan teras más goleadoras que ha tenido Peñarol; la misma, con la única susti tución de Hohberg por Julio Pérez, que Uruguay envió al Campeonato de Río. Ghiggia jugó doce partidos internacionales con la celeste uruguaya -ninguno en su pais- y fue cedido al Roma después de la victoria de Maracaná. Tras ocho temporadas pasó al Milan y, naturalizado italiano, fue cinco veces titular de la selección azul. De regreso en Montevideo, es enroló en Danubio. Aún continuaba en activo a la edad de cincuenta años, como aficionado, y era el capi tán de su equipo en los juegos deportivos municipales de 1976.

MESTRE ZIZA

La selección de Brasil alcanzaba en Río de Janeiro el apogeo de su fútbol y convertía sus partidos en festival. Libres de las inhibiciones que los agarrotaron en la serie inicial, los brasileños tenian un juego atacante casi perfecto en la tripleta Zizinho-AdemirJair y nadie se fijaba en las debilidades defensivas del equipo que barría sucesivamente a Suecia, 7 a 1, y a España, 6-1 para meterse en la final de la Copa del Mundo.

A partir de este momento, esta final entre el local Brasil y la selección de Uruguay, iban a protagonizar uno de los partidos mas recordados en la historia de los mundiales. Donde sorpresivamente el visitante enmudeció no solo a todo un estadio sinó que al mundo entero logrando un trinfo por 2 a 1,coronando a Uruguay Campeón Mundial 1950.

Puedes leer aquí: La Historia del Maracanazo.

Esta hazaña fue recordada bajo el nombre de Maracanazo.

El Maracanzo de 1950

Los ingresos económicos del Mundial de Brasil en 1950 fueron cinco veces más que los del mundial de Francia en 1938. Por estos años, el torneo estaba a las puertas de su era moderna.

Toda la atención internacional se centró la tarde del domingo 16 de julio de 1950, cuando las dos selecciones sudamericanas Brasil y Uruguay salieron a disputar la final de la Copa del Mundo.

Ya a las siete de la mañana una multitud intentaba entrar en el estadio, grupos de hinchas llegaban de todas partes la país acomañados de la música de carnaval. Todo era una fiesta, se desplegaban banderas, el único miedo que existia en el ambiente era el de no conseguir un buen lugar en el Maracana para poder distrutar de la victoria inminente.

El clima era tal, que solo el pueblo uruguayo soñaba con la posibilidad de amargarle la fiesta al dueño de casa.

Al público brasileño no le importaba en realidad que rival tenia enfrente, pues se creia que quien lo fuese estaría condenado de antemano. En ese ambiente de prematura celebración. sólo restaba conocer el tamaño de la probable goleada.

Las apuestas estaban 10-1 a favor de Brasil y poco menos que ese era el marcador que se aguardaba. Flavio Costa, el director técnico local, por el contrario, previno a sus jugadores del riesgo de subestimar a Uruguay. …. “Se equivoca quien espera un juego de exhibición -dijo Flavio Costa- porque será un partido duro'”.

Los brasileños, de pantalón y camiseta de color blanco, cuello azul y escudo de la CBD, se lanzaron en tromba sobre el arco de los celestes a la orden de comienzo de mister George Reader, el juez inglés.

En las tribunas, el ruido de los 200.000 espectadores, era ensordecedor. Era la primera vez que tantas personas se han reunido otra vez en torno de un partido de fútbol. Los uruguayos respondían a la constan te presión de Brasil estrechando marcas, hombre a hombre, y Máspoli, Rodríguez Andrade y Matías González superaban, extremándose, situaciones de riesgo creadas por Zizinho, Ademir y Jair en los primeros veinte minutos de juego. Era evidente la incomodidad de los estilistas brasileños por el rígido marcaje, que los ahogaba y les impedía desarrollar plenamente su fútbol.

Uruguay conocía muy bien el juego de Brasil, con el que se había enfrentado tres veces en el año por la Copa Barón de Río Branco, con dos derrotas y una victoria. El saldo no podía considerarse negativo para los celestes, que fueron siempre visitantes y anotaron
sólo un gol menos que la selección brasileña.

Tenían instrucción de cerrarse sobre su última línea, y así lo hacían, con Julio Pérez y Schiaffino colaborando en la defensa.

Pero Uruguay era ambicioso; quería el título. “Si jugamos con miedo, Brasil nos goleará, como hizo con Suecia y España” -dijo Obdulio Varela, el capitán uruguayo a sus compañeros, con su natural autoridad- “Ya jugamos tres veces con ellos y sabemos que en Montevideo o en terreno neutral les ganaríamos siempre. Asi que a jugar como sabemos, y a ganar, que podemos conseguirlo”.

Uruguay tenía desventaja de un punto, por su empate con España, y el 0-0 del primer tiempo, si bien mucho fortalecía la argumentación de Varela y desconcertaba a Brasil, no le podía significar en la práctica, de mantenerse hasta el final, más que una compensación moral por la pérdida de la Copa Rimet.

Uruguay tenia que ganar si o si.

En cuanto a los brasileños, no querían conceder a la celeste, ni el público lo admitía, la supuesta conformidad del empate- Ademir y Zizinho trenzaron una veloz combinación y, a los dos minutos de la segunda parte, marcaron el 1 a 0.

La selección celeste, lejos de decaer, y empujada por las voces de su capitán, adelantaba líneas en procura de la igualdad. Es así como en el minuto 67, Ghiggia, avanzó en campo brasileño y luego de eludir a Bigode, su marcador, el puntero amagó tirar al arco; pero envió pase hacia atrás. Schiaffino, que llegaba a la carrera, golpeó el balón con el pie derecho, colocándolo alto sobre la estirada del golero Barbosa. La final ahora estaba 1-1.

Catorce minutos más tarde se producía la jugada histórica, y mientras un sector del público parecía aceptar el empate, que bastaba a Brasil para ganar el título.

El deleantero uruguayo Ghiggia, que estaba intratable esa tarde, combinaba con Julio Pérez, desbordaba otra vez a Bigode y corría hasta la posición en que había centrado para el primer gol uruguayo. Barbosa titubeó, pues Míguez se internaba sin marcas, esperando el pase.

Pero Ghiggia vio un claro entre el primer poste y el arquero, disparó raso, para hundir la pelota en la red y decretar la remontada uruguaya por 2 a 1.

Barbosa (el arquero brasilero) tenía un talismán de la suerte, una muñeca que le había regalado su esposa y que siempre ponia en el fondo de su meta. El tiro de Ghiggia, que golpeaba mortalmen te la ilusión de Brasil, le dio de lleno. Barbosa, desolado, rompió la muñeca y la arrojó fuera del campo.

El tiempo restante fue de desesperada ofensiva brasileña y segura defensa uruguaya.

Alguien tuvo que darle a Jules Rimet el nombre de los jugadores uruguayos, pues en la lista original estaban los brasileños, a los que el presidente de la FIFA esperaba entregar uno a uno las medallas. Rimet, apareció en el campo de juego, y tan desconcertado como los jugadores y fanáticos locales, le entregó la Copa a Varela sin pronunciar ninguna palabra, y se alejó.

En medio de los festejos, los jugadores uruguayo quedaron muy conmocionados por el llanto y la tristeza que reinaba a su alrededor.

Brasil nunca perdonó a su arquero Barbosa, a quien culpó por la derrota, y su selección jamás volvió a vestir la casaca blanca que lució aquel 16 de julio de 1950.

Para el apasionado pueblo brasileño, esta tarde inmortalizada bajo el nombre de “maracanazo” fue la jornada más triste del siglo veinte, y tal vez, de toda su historia, incluso hasta hubo suicidios. Aunque muchos años después, la derrota ante Alemania en el 2014 por 7 a 1 , nuevamente en tierras brasileras, puede llegar a estar al mismo nivel de tristeza.

Para los uruguayos, no menos adictos a la religión del fútbol, la de mayor gloria. Uruguay ha otorgado su máxima admiración a los héroes del Mundial de 1950 que, junto a más antiguos campeones, los de Colombes, Amsterdam y Montevideo, el pais tiene por paradigma de una fuerza supuestamente esencial de su pueblo.

La camiseta blanca de Brasil.

La selección brasileña no volvió a jugar un sólo partido internacional. Recién el 28 de febrero de 1954 enfrentó a Chile en un partido clasificatorio para el Mundial del 54. Brasil ya sin la camiseta blanca, comenzo a vestir la actual, amarilla con el cuello y el ribete de las mangas verdes. Precisamente ése es el origen de que ahora a los jugadores de Brasil se les llame también los canarinhos.

Cuatro años más tarde, otra final de una Copa del Mundo, en este caso Suiza 1954, marcaria un hito en la historia del fútbol. La final que se tituló: “El milagro de Berna”

(puedes leer aquí: La historia del Milagro de Berna)